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Los cuentos que cambiaron lo fantástico

Cómo Julio Cortázar reinventó el género desde lo cotidiano.

Durante buena parte del siglo XX, la literatura fantástica estuvo asociada a castillos, espectros, mundos remotos o sucesos claramente sobrenaturales. Sin embargo, las obras de Julio Cortázar alteraron esa tradición de manera decisiva.

Sus cuentos demostraron que lo extraordinario no necesitaba aparecer en escenarios exóticos: podía irrumpir en un departamento porteño, en una autopista, en una casa familiar o incluso en una conversación aparentemente trivial. Allí radica una de las mayores revoluciones del autor argentino, cuya narrativa transformó para siempre la manera de entender lo fantástico.

Más que introducir monstruos o fenómenos imposibles, el escritor construyó una literatura donde la realidad cotidiana comienza a mostrar grietas. El lector avanza por un mundo reconocible hasta que, casi sin advertirlo, algo se desplaza de lugar. Esa alteración mínima pero profunda genera una inquietud que termina cuestionando la percepción misma de lo real.

Uno de los relatos más emblemáticos de esta propuesta es Casa tomada. La historia presenta a dos hermanos que viven una existencia rutinaria en una antigua vivienda familiar. Nada parece extraordinario hasta que una presencia nunca explicada comienza a ocupar sectores de la casa. El fenómeno jamás recibe una descripción concreta. No hay fantasmas visibles ni explicaciones racionales. Lo inquietante surge precisamente de esa ausencia.

La estrategia narrativa resulta decisiva: Cortázar evita revelar el origen de la amenaza y obliga al lector a convivir con la incertidumbre. El miedo ya no depende de una criatura fantástica sino de una perturbación inexplicable que invade el espacio doméstico.

En La noche boca arriba, un motociclista accidentado alterna entre la realidad contemporánea y una persecución en tiempos prehispánicos. El relato conduce al lector por una compleja estructura de sueños y vigilia hasta invertir completamente las certezas iniciales. La pregunta central ya no es qué es real, sino desde dónde observamos la realidad.

Esa incomodidad que genera al lector, ante la falta de certidumbres, es la que hizo que Cortázar se convierta en un escritor destacado.

Crédito fotográfico: Diario Hoy

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